Durante muchas décadas, el Instituto Braille ha ayudado a personas con dificultades visuales a adaptarse a la pérdida de su visión y a vivir una vida plena. Muchos de nuestros clientes han manifestado que los servicios y programas gratuitos del Instituto literalmente han cambiado sus vidas. Este es el testimonio de uno de ellos:
En el verano de 2006, Francisco Zúñiga se estaba consumiendo en cama, el lugar donde había permanecido, virtualmente inmóvil, durante dos años enteros. La vida no había sido fácil para él, y menos esos dos últimos años que fueron los más difíciles de todos.
Su vida con diabetes juvenil y sin un padre cerca ya había sido muy difícil. Sin embargo, cuando Francisco tenía 20 años, comenzó a perder su vista debido a una retinopatía diabética. Eso es sólo la mitad de su historia. También se le había declarado una neuropatía diabética, una enfermedad que le hacía tan doloroso caminar que Francisco apenas dejaba su cama. No tenía deseos de levantarse , “Deseaba que el dolor desapareciera,”, recordó.
Después de haber tenido una infancia activa, asistiendo a la escuela, jugando al fútbol y trabajandode medio tiempo, la vida de Francisco había llegado a una parálisis terrible. Un ortopedista le informó que si no salía de la cama tendría que usar una silla de ruedas por el resto de su vida. De alguna manera se las arregló para dar unos primeros pasos y aprender a caminar nuevamente. “Mi madre fue mi inspiración. Lo hice por ella, no sólo por mí”, explicó Francisco.
Fue en esos momentos en que un primo le habló del Instituto Braille. Por primera vez en años, la vida de Francisco comenzó a tomar la dirección correcta. Aún estaba deprimido cuando llegó a nuestro centro en Vermont Avenue, a una de las clases de Técnicas para Vivir en Forma Independiente (Independent Living Skills) donde se capacitó para enfrentar mejor la pérdida de su visión y para reestablecer la confianza que había perdido durante los años recientes. “Me sentía inhibido la primera vez que ingresé. Me mantuve muy encerrado en mi mismo”, recordó.
Pero las cosas cambiaron rápidamente para Francisco. No había pasado más de un mes desde su llegada y ya ayudaba en la orientación de los nuevos estudiantes. Poco tiempo después, comenzó a trabajar en el Programa de Prácticas de los Servicios para Carreras y Juventud (Youth & Career Services Internship Program) del Instituto Braille. Su crecimiento ha sido admirable, y ahora, después de 15 cortos meses como estudiante, pareciera que todos en el Centro de la Visión de Los Angeles conocen a este joven encantador de 23 años y a su cálida sonrisa.
En estos días, Francisco está más ocupado que nunca. Divide su tiempo entre sus prácticas en el Instituto Braille y sus clases en el cercano Los Angeles City College donde estudia desarrollo infantil. “Cuando era un niño, siempre quise ser policía”, contó Francisco sin la menor huella de arrepentimiento. “Pero ahora sé que mi llamado es ayudar a los niños con problemas visuales.” Y ahora que ha logrado ponerse en movimiento, nada impedirá que Francisco haga realidad sus sueños.